El cierre de los comedores escolares

Cuando termina el curso, nuestro compromiso continúa

16 de julio, 2026 | Solidaridad

El cierre de los comedores escolares

Para miles de familias, el comedor escolar representa la garantía de que sus hijos e hijas accedan cada día a una comida completa, equilibrada y nutritiva. Sin embargo, cuando termina el curso y los centros educativos cierran sus puertas, ese apoyo deja de estar disponible. Lo que para muchas personas marca el inicio de las vacaciones supone, para otras, una nueva preocupación.

Y es que los meses estivales son uno de los periodos más delicados para quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. Por eso, desde FESBAL y los 53 Bancos de Alimentos asociados seguimos trabajando durante todo el verano para que el cierre de los comedores escolares no se traduzca en una mayor dificultad para acceder a una alimentación digna.

El comedor escolar, un apoyo esencial

Durante el curso escolar, los programas de comedor desempeñan una función clave. Además de favorecer la conciliación familiar, garantizan una alimentación adecuada para miles de menores que, de otro modo, tendrían grandes dificultades para acceder a una dieta saludable.

Cuando ese recurso deja de estar disponible durante el verano, muchas familias deben afrontar un gasto adicional en alimentación. Para quienes cuentan con recursos limitados, este incremento puede suponer una presión económica añadida y dificultar la cobertura de otras necesidades básicas del hogar. 

Porque no se trata únicamente de un mayor riesgo de inseguridad alimentaria, sino de verse en la obligación de elegir qué necesidad básica cubrir cuando todas son imprescindibles.

Un verano con más necesidades

A la desaparición de los comedores escolares se suman otros factores que agravan la situación de las familias más vulnerables, como las dificultades para conciliar durante las vacaciones escolares y la disminución de las donaciones. Además, muchas de las personas voluntarias se toman un merecido descanso, por lo que también se necesitan nuevas manos para que los almacenes continúen funcionando y la ayuda siga llegando a quienes más la necesitan.

A esta situación específica del verano se suma otra realidad que lleva tiempo agravándose y que ha incrementado la vulnerabilidad de muchas familias. El aumento sostenido del precio de la alimentación, la vivienda y otros bienes esenciales está llevando a más hogares a una situación de fragilidad económica.

Como consecuencia, actualmente cerca de 12,5 millones de personas en España se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Entre ellas, la pobreza infantil continúa situándose como las más elevada de la Unión Europea, una realidad que pone de manifiesto la especial vulnerabilidad de miles de niños y niñas.

A ello se suma que tener un empleo no siempre garantiza poder llegar a fin de mes, otro fenómeno cada vez más frecuente. Una situación que refleja cómo la pobreza laboral se ha convertido en una realidad para un número creciente de hogares.

Nuestro compromiso continúa en verano

El acceso a una alimentación digna no solo cubre una necesidad básica, sino que también alivia la carga económica que supone la compra de alimentos para miles de familias, permitiéndoles destinar sus limitados recursos a otras necesidades esenciales, como la vivienda, los suministros o el cuidado de sus hijos e hijas.

Gracias al compromiso de empresas, entidades colaboradoras, personas voluntarias y donantes, los Bancos de Alimentos continúan ofreciendo apoyo durante todo el verano. Cada colaboración, ya sea mediante una donación o dedicando tiempo al voluntariado, contribuye a que más familias puedan afrontar esta época con mayor tranquilidad y seguridad alimentaria.

Porque las necesidades no desaparecen en verano. Y nuestra respuesta y tampoco.

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